jueves, 16 de mayo de 2019

La construcción de la propia imagen

Cuando hablamos de la propia imagen, también nos estamos refiriendo a la apariencia física, la cual es la primera fuente de información que empleamos en una situación de interacción social. Hemos de reconocer que casi todo el mundo considera que el hecho de ser feo, la deformación congénita, la desfiguración y los traumatismos son factores que incrementan la posibilidad de producirse problemas que tengan que ver con el ámbito psicosocial de los individuos que padecen dichas características.

El concepto de imagen corporal se relaciona con tres componentes que seguramente todos conoceréis, y estos son: el aspecto perceptivo, el cual engloba al tamaño, la forma del cuerpo, el peso o la totalidad de la persona; el aspecto cognitivos, vinculado con los sentimientos, las actitudes, las características que se pueden observar a raíz de la visualización del cuerpo (tamaño, peso, forma, partes del cuerpo); y, por último, la vertiente conductual, que viene dada por la percepción de los sentimientos que se detectan gracias su unión con el cuerpo.

La imagen que uno tiene de si mismo se trata de un todo que guarda relación tanto con su personalidad, como con su bienestar psicológico. Es importante saber que la imagen corporal se va formando con el progreso del tiempo, es decir, sufre una evolución a lo largo de nuestras vidas, pasando desde la etapa infantil hasta la vejez. El problema que acarrea la propia imagen es el siguiente: pues en la sociedad en que vivimos actualmente la apariencia física se ha convertido en un aspecto fundamental, pues genera tanta preocupación saber si estás dando una buena imagen a las personas que te observan y rodean que en ocasiones se puede llegar a hablar de un estado patológico. Las personas tienden a preocuparse más por lo que pueden decir o pensar de ellas que de aquello que de verdad quieren ser o la forma en la que quieren vivir.

Para conocer exactamente lo que nos describe, lo que conforma la propia imagen, es necesario saber cuáles son las creencias e ideas que tenemos de nosotros mismos, debemos tener en cuenta aquellos rasgos o características, tanto físicas como psíquicas, que nos describen, y valorarlo, pues la imagen que se crea un individuo sobre sí mismo es fundamental para favorecer la propia autoestima. Hemos de saber que la manera en que nosotros nos concibamos y nos aceptemos con respeto a nuestra propia imagen, condicionará la valoración que uno tenga de sí mismo y en su bienestar psicológico y afectivo. También es cierto que no siempre aquellos que consideramos de nosotros mismos o de cualquier otra persona es verídico, porque simplemente son ideas o pensamientos recreados desde una perspectiva subjetiva, por tanto puede que no se corresponda con la realidad.

Me gustaría destacar la etapa adolescente de las personas, ya que supone la fase en que todos sufrimos un mayor número de cambios en cuanto a nuestros rasgos sociales, psicológicos, hormonales y físicos. Muchos de los adolescentes nos preguntamos quiénes somos verdaderamente y cuál será nuestro destino futuro. A la vez que nos hacemos interrogantes de este tipo, le comenzamos a otorgar importancia al aspecto físico, y de una manera muy considerada. Esto quizá se deba a que todos deseamos ser el prototipo de belleza ideal. En este periodo es muy posible que ciertos sujetos pasen a estar bajo los efectos de una patología o trastorno relacionado con su imagen física, la cual, en la mayoría de las ocasiones es propiciada por las relaciones sociales establecidas en sus entornos habituales, resaltando el colegio o instituto, donde establecen vínculos con gente de su misma edad.

Como conclusión a esta entrada, decir que, actualmente, la grave influencia que ejerce la sociedad sobre los individuos, el desarrollo de las nuevas tecnologías y el empleo de tantos medios de comunicación, ha contribuido de manera violenta a la configuración de la personalidad y de la autoestima de cada uno de nosotros. La imagen que creamos sobre nosotros mismos no es siempre lo que verdaderamente somos o aparentamos, sino que simplemente nosotros nos consideramos de esa manera. Pienso que no estar cómodo contigo mismo y, por tanto, desembocar en la generación de una baja autoestima puede suponer que las personas sufran trastornos diversos en su propia imagen. Como futuro maestro, veo conveniente implicarme con mis alumnos e influenciarles beneficiosamente en cuanto a la construcción de su propia imagen para que logren una alta autoestima, estando a gusto consigo mismos y favoreciendo sus relaciones, tanto intrapersonales como interpersonales.

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